El camino a Nueva York fue rápido en comparación con la llegada a la torre Irons, en donde de inmediato Kenneth tomó su lugar para por fin vender a los 30 tiburones (ghouls al fin de vampiros) supuestos socios de su padre gran parte de la empresa y quedarse con los negocios que a él “públicamente” le interesan, mientras tanto, Renne, Vico y yo fuimos hasta donde sería la oficina y departamento de Allan Irons, actual oficina de Kenneth. Renne y Vico tenían mucha curiosidad por el apartamento pero se mostraron muy discretos mientas yo estuve ahí, hasta que Kenneth me pidió que le acompañara a la junta de venta de las acciones de la empresa. Él es un tanto difícil, por decirlo de algún modo, supongo que como amigos sería uno de los mejores (como los que he dejado atrás), sin embargo me resulta tan complicado pues la situación es demasiado rápida para como creí que pasarían las cosas, pero no, los vampiros y demás peligros inminentes han movido sus piezas muy ferozmente orillando a actuar. Debo revelarle lo que vengo a decirle a Kenneth, porque presiento que no podré hacerlo pronto, pero no hay espacio para hablar. Por fin terminamos la junta y subimos a la oficina donde encontramos que el apartamento estaba abierto y un hombre de dos metros de alta (o más) cabello largo negro y lacio, ojos azules muy pero muy claros, tomaba café. Kenneth no parecía sorprendido ante lo que ocurría y sentándose comenzó a platicar de lo nervioso que se sentía ante la situación de la junta y sobre los monstruos que le rodeaban, dentro de los cuales estuvo su padre. Salimos después a comer y de regreso a Boston, nos emboscaron en un par de camionetas, unos vampiros, Kenneth, de nueva cuenta no parecía sorprendido (yo tampoco, ¿verdad?), Vico y Renne incluso parecían estar al tanto de este tipo de seres. De inmediato nos alcanzaron los otros amigos de Kenneth, Evan y Alexia, junto con otro más que desde la tarde nos seguía en motocicleta. Estos se enfrentaron y a mi me llegó una visión donde Alexia estaba herida de muerte y Evan también estaba herido, de inmediato me llegó una visión de esta situación la cual estoy segura interceptó este hombre extraño llamado Ian y regresó a ayudarles. Renne apoyó con habilidades propias y Vico que había bajado de la limosina para ayudar había sido herido también, quedando muerto al final. Kenneth no vio esto, pero yo si (soy un asco de persona, pues mis amigos estaban en riesgo…, pero debía fingir que no ocurría nada). Al bajarse Renne a apoyar Kenneth se molestó pues sintió que también era objetivo para ellos y que no estaban ajenos a este mundo del que él quería apartarse. Y nos regresamos a Nueva York de inmediato dejándolos ahí. He querido darle pistas a los chicos y parece que las están captando, también he querido dejarle rastros a Kenneth y propiciar por fin una plática donde pueda revelarle todo, pues mientras regresábamos a Nueva York, después de dejar a los “cazadores” sentí a Camila que me observaba, si me encontró y vio lo oculto pudo haber encontrado mi verdadera identidad. Pero hasta no estar segura, no puedo echar el plan atrás…algo pasó con Iván… Al día siguiente Vico marcó pidiendo las cosas de Renne, pero le negué a Kenneth, posteriormente marcó Renne y Kenneth accedió a hablar con ella e incluso quedaron en salir a cenar pues ella estaba a punto de regresar a Milán, su plan, lo sé es levarlo consigo. Cosa que lograron, pues desde que llegamos al restaurante Renne sintió peligro, incluso Ian se percató y avisó a Kenneth, por mi parte supe que había esclavos de vampiros ahí, pero no supe más. Renne ofreció un escape para Kenneth y un escondite en Milán cosa que él aceptó sin problemas, yo… le busqué otro escondite para apartarlo un poco de la mirada que pesa sobre el grupo de los cazadores en Milán, que si bien es conveniente su protección y parte del plan original, las cosas están muy difíciles para ellos. Fuimos directamente a un hangar donde ya había preparado un avión y el piloto no demoró mucho, Allan Boyd. El cual parece conocerlos bien. Sospechan de mi…eso es bueno, y a la vez no para mis planes, pero Kenneth dijo…”sin preguntas”, por más que mi supuesto miedo o curiosidad me invada, no debo preguntar, solo seguir a mi jefe. Viajamos a Milán…
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domingo, enero 11, 2009
A Milán...con Kenneth
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Anneli Mai
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